Follow by Email

DEPRESION Y MANIA

Depresión y manía


La depresión y la manía representan los dos polos opuestos de los trastornos del humor. Los trastornos del humor son enfermedades psiquiátricas en las que las alteraciones emocionales consisten en períodos prolongados de depresión o de euforia (manía) excesivos. Los trastornos del humor también son llamados trastornos afectivos. Afectivo significa estado emocional
expresado a través de gestos y expresiones faciales.

La tristeza y el júbilo son una parte de las experiencias normales de la vida diaria y son diferentes de la depresión y manía graves que caracterizan los trastornos del humor. La tristeza es una respuesta natural a la pérdida, la derrota, el desengaño, el trauma o la catástrofe. La tristeza puede ser psicológicamente beneficiosa porque permite a una persona apartarse de situaciones ofensivas o desagradables, lo que la puede ayudar a recuperarse.

La aflicción o el desconsuelo es la reacción normal más habitual ante una separación o una pérdida, como la muerte de un ser querido, el divorcio o el desengaño amoroso. La privación y la pérdida no suelen causar depresión persistente e incapacitante excepto en personas predispuestas a sufrir trastornos del humor.

El éxito y los logros generalmente provocan sentimientos de júbilo. Sin embargo, el júbilo puede ser en ocasiones una defensa contra la depresión o una negación del dolor de la pérdida. Las personas que se están muriendo tienen a veces breves períodos de júbilo y de actividad bulliciosa y algunas personas que han sufrido alguna privación o pérdida recientes pueden incluso estar exultantes más que desconsoladas, que sería lo normal. En personas predispuestas
a los trastornos del humor, estas reacciones pueden ser el preludio de la manía.

Aunque del 25 al 30 por ciento de las personas experimenta algún tipo de trastorno excesivo del humor durante su vida, sólo alrededor de un 10 por ciento tiene un trastorno lo suficientemente
importante como para requerir atención médica. De éstos, un tercio tiene depresión de larga duración (crónica) y la mayoría de los restantes tiene episodios recurrentes de depresión. Las depresiones crónicas y recurrentes se denominan unipolares. Cerca del dos por ciento de la población tiene una situación conocida como enfermedad maniacodepresiva o trastorno bipolar, en el cual se alternan períodos de depresión con otros de manía (o con períodos de manía menos
intensa conocida como hipomanía).

Depresión

La depresión es un sentimiento de tristeza intenso; puede producirse tras una pérdida reciente u otro hecho triste pero es desproporcionado con respecto a la magnitud del hecho y persiste más allá de un período justificado.


Después de la ansiedad, la depresión es el trastorno psiquiátrico más frecuente. Se estima que un 10 por ciento de la gente que consulta a un médico pensando que tiene un problema físico tiene en realidad una depresión.
La depresión comienza habitualmente entre los 20 y los 50 años.

Los nacidos en las últimas décadas del siglo xx parecen tener una incidencia mayor de depresión que las generaciones anteriores.


Un episodio de depresión dura habitualmente de 6 a 9 meses, pero en el 15 al 20 por ciento de los pacientes dura 2 años o más. Los episodios generalmente tienden a recurrir varias veces a lo largo de la vida.


Causas


Las causas de la depresión no se conocen
por completo. Existe un número de factores que pueden predisponer
una persona a sufrir depresión más que otra, como la predisposición
familiar (factores hereditarios), los efectos secundarios de algunos
tratamientos, una personalidad introvertida y sucesos emocionalmente
desagradables, particularmente los que implican una pérdida.
La depresión también puede surgir o empeorar sin ningún
acontecimiento vital estresante.


Las mujeres son más propensas que los hombres
a sufrir depresión, aunque las razones no están totalmente
claras. Los estudios psicológicos demuestran que las mujeres
tienden a responder a la adversidad encerrándose en sí
mismas y autoculpándose. Por el contrario, los varones tienden
a negar la adversidad y a dedicarse de lleno a diversas actividades.
En cuanto a los factores biológicos, los más implicados
son los hormonales. Los cambios en los valores hormonales, que pueden
provocar cambios de humor justo antes de la menstruación (tensión
premenstrual) y después del parto (depresión posparto),
pueden tener algún papel en las mujeres. En las que han sufrido
depresiones, pueden ocurrir cambios hormonales similares tras el uso
de anticonceptivos orales. La función tiroidea anormal, que es
bastante frecuente en las mujeres, puede constituir otro factor.



La depresión que se produce tras una experiencia
traumática, como la muerte de un ser querido, se llama depresión
reactiva. Algunas personas pueden deprimirse de modo temporal como reacción
a ciertos períodos vacacionales (vacaciones tristes) o aniversarios
con cierto significado, como el aniversario de la muerte de un ser querido.
La depresión sin precipitantes aparentes se conoce como depresión
endógena. Estas distinciones, sin embargo, no son muy importantes,
ya que los efectos y el tratamiento de las depresiones son similares.


La depresión también puede ocurrir
con un cierto número de enfermedades o trastornos físicos.
Los trastornos físicos pueden causar una depresión directamente
(como cuando una enfermedad tiroidea afecta a los valores hormonales,
lo que puede inducir depresión) o indirectamente (como cuando
la artritis reumatoide causa dolor e imposibilidad, lo que puede conducir
a la depresión). A menudo, la depresión consecuente con
un trastorno físico tiene causas directas e indirectas. Por ejemplo,
el SIDA puede causar depresión directamente si el virus de la
inmunodeficiencia humana (VIH), que lo causa, daña el cerebro;
el SIDA puede causar depresión de forma indirecta cuando tiene
un impacto global negativo sobre la vida de la persona.


Varios fármacos, sobre todo los usados para
tratar la hipertensión arterial, pueden causar depresión.
Por razones desconocidas, los corticosteroides a menudo causan depresión
cuando se producen en grandes cantidades en el contexto de una enfermedad,
como en el síndrome de Cushing, pero tienden a causar euforia
cuando se administran como tratamiento.


Existe un número de situaciones en psiquiatría
que pueden predisponer a una persona a la depresión, como ciertos
trastornos por ansiedad, el alcoholismo y la dependencia de otras substancias,
la esquizofrenia y la fase precoz de la demencia.


Síntomas


Los síntomas se desarrollan habitualmente
de forma gradual a lo largo de días o semanas. Una persona que
está entrando en una depresión puede aparecer lenta y
triste o irritable y ansiosa. Una persona que tiende a concentrarse
en sí misma, a hablar poco, a dejar de comer y a dormir poco
está experimentando una depresión vegetativa. Una persona
que, además, está muy inquieta retorciendo las manos y
hablando continuamente está experimentando lo que se conoce como
depresión agitada.


Muchas personas con depresión no pueden expresar
normalmente sus emociones (como la aflicción, la alegría
y el placer); en casos extremos, el mundo aparece ante ellos como descolorido,
sin vida y muerto. El pensamiento, la comunicación y otras actividades
de tipo general pueden hacerse más lentos, hasta cesar todas
las actividades voluntarias. La gente deprimida puede estar preocupada
por pensamientos profundos de culpabilidad e ideas autoofensivas y puede
no ser capaz de concentrarse adecuadamente. Estas personas están
a menudo indecisas y recluidas en sí mismas, tienen una sensación
progresiva de desamparo y desesperanza y piensan en la muerte y en el
suicidio.


En general, los depresivos tienen dificultad para
conciliar el sueño y se despiertan repetidamente, sobre todo
temprano por la mañana. Es habitual una pérdida del deseo
sexual o del placer en general. La alimentación escasa y la pérdida
de peso conducen a veces a la emaciación, y en las mujeres se
puede interrumpir la menstruación. Sin embargo, el exceso alimentario
y la ganancia ponderal son frecuentes en las depresiones leves.


En cerca del 20 por ciento de los depresivos, los
síntomas son leves, pero la enfermedad dura años, a menudo
décadas. Esta variante distímica de la depresión
a menudo comienza temprano en la vida y se asocia con cambios característicos
de la personalidad. Las personas en esta situación son melancólicas,
pesimistas, no tienen sentido del humor o son incapaces de divertirse,
son pasivas y aletargadas, introvertidas, escépticas, hipercríticas
o en constante queja, autocríticas y llenas de autorreproches.
Están preocupados por la inadecuación, el fracaso y por
los acontecimientos negativos hasta tal punto que llegan al disfrute
morboso con sus propios fracasos.


Algunas personas depresivas se quejan de tener una
enfermedad orgánica, con diversas penas y dolencias o de miedos
por sufrir desgracias o de volverse locas. Otras creen que tienen enfermedades
incurables o vergonzosas, como el cáncer o las enfermedades de
transmisión sexual o el SIDA, y que están infectando a
otras personas.


Cerca del 15 por ciento de las personas deprimidas,
más comúnmente aquellas con depresión grave, tienen
delirios (creencias falsas) o alucinaciones, viendo u oyendo cosas que
no existen. Pueden creer que han cometido pecados imperdonables o crímenes
o pueden oír voces que les acusan de varios delitos o que les
condenan a muerte. En casos raros, imaginan que ven ataúdes o
a familiares fallecidos. Los sentimientos de inseguridad y de poca valía
pueden conducir a las personas intensamente deprimidas a creer que son
observadas y perseguidas. Estas depresiones con delirios se denominan
depresiones psicóticas.


Los pensamientos de muerte están entre los
síntomas más graves de depresión. Muchos deprimidos
quieren morir o sienten que su valía es tan escasa que deberían
morir. Hasta un 15 por ciento de las personas con depresión grave
tiene una conducta suicida. Una idea de suicidio representa una situación
de emergencia y cualquier persona así debe ser hospitalizada
y mantenida bajo supervisión hasta que el tratamiento reduzca
el riesgo de suicidio.


Diagnóstico


El médico es generalmente capaz de diagnosticar
una depresión a partir de los síntomas y los signos. Una
historia previa de depresión o una historia familiar de depresión
ayudan a confirmar el diagnóstico.


A veces se usan cuestionarios estandarizados para
ayudar a medir el grado de depresión. Dos cuestionarios de este
tipo son la escala de porcentaje de la depresión de Hamilton,
que se realiza de modo verbal por un entrevistador, y el inventario
de la depresión de Beck, que consiste en un cuestionario que
el paciente debe rellenar.


Las pruebas de laboratorio, generalmente análisis
de sangre, pueden ayudar al médico a determinar las causas de
algunas depresiones. Esto es particularmente útil en mujeres,
en las que los factores hormonales pueden contribuir a la depresión.


En casos difíciles de diagnosticar, los médicos
pueden realizar otras pruebas para confirmar el diagnóstico de
depresión. Por ejemplo, debido a que los problemas del sueño
son un signo prominente de depresión, los médicos especializados
en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos del humor pueden
realizar un electroencefalograma durante el sueño para medir
el tiempo que tarda la persona en llegar a la fase de movimiento rápido
de los ojos (el período en el cual ocurren los sueños).
Generalmente se tarda unos 90 minutos. En una persona con depresión
se suele alcanzar en menos de 70 minutos.


Pronóstico y tratamiento


Una depresión sin tratamiento puede durar
6 meses o más. Aunque pueden persistir unos leves síntomas
en algunas personas, el funcionamiento tiende a volver a la normalidad.
En cualquier caso, en general, los depresivos experimentan episodios
repetidos de depresión, en un promedio de cuatro o cinco veces
a lo largo de la vida.


Hoy en día, generalmente, la depresión
se trata sin necesidad de hospitalización. Sin embargo, a veces
una persona debe ser hospitalizada, especialmente si tiene ideas de
suicidio o lo ha intentado, si está demasiado débil por
la pérdida de peso o si tiene riesgo de problemas cardíacos
por la agitación intensa.


Actualmente el tratamiento farmacológico
es el factor más importante en el tratamiento de la depresión.
Otros tratamientos incluyen la psicoterapia y la terapia electroconvulsionante.
Algunas veces se usa una combinación de estas terapias.


Tratamiento
farmacológico


Varios tipos de fármacos antidepresivos están
disponibles: los tricíclicos, los inhibidores de la recaptación
selectiva de serotonina, los inhibidores de la monoaminooxidasa y los
psicoestimulantes, pero deben tomarse de forma regular durante por lo
menos varias semanas antes de que empiecen a hacer efecto. Las posibilidades
de que un antidepresivo específico tenga éxito en el tratamiento
de una persona son del 65 por ciento.


Los efectos secundarios varían según
cada tipo de fármaco. Los antidepresivos tricíclicos a
menudo causan sedación y producen ganancia ponderal. También
pueden producir aumento del ritmo cardíaco, baja de la presión
arterial cuando la persona se pone de pie, visión borrosa, sequedad
de boca, confusión, estreñimiento, dificultad para comenzar
a orinar y eyaculación retardada. Estos problemas se llaman efectos
anticolinérgicos y, generalmente, son más pronunciados
en las personas de edad avanzada.


Los antidepresivos que son similares a los antidepresivos
tricíclicos tienen otros efectos adversos. La venlafaxina puede
aumentar levemente la presión arterial; la trazodona se ha asociado
con erección dolorosa (priapismo); la maprotilina y el bupropión,
tomados en dosis rápidamente incrementadas, pueden provocar convulsiones.
Sin embargo, el bupropión no causa sedación, no afecta
a la función sexual y a menudo es útil en pacientes con
depresión y pensamiento lento.


Los inhibidores selectivos de la recaptación
de serotonina (ISRS) representan un gran avance en el tratamiento de
la depresión por cuanto producen menos efectos secundarios que
los antidepresivos tricíclicos. También son generalmente
bastante seguros en las personas en las que la depresión coexiste
con una enfermedad orgánica. Aunque pueden producir náuseas,
diarrea y dolor de cabeza, estos efectos secundarios son leves o desaparecen
con el uso. Por estas razones, a menudo los médicos seleccionan
en primer lugar los ISRS para tratar la depresión. Los ISRS son
particularmente útiles en el tratamiento de la distimia, que
requiere un tratamiento farmacológico de larga duración.
Más aún, los ISRS son bastante eficaces en el trastorno
obsesivo-compulsivo, en el trastorno por pánico, en la fobia
social y en la bulimia (alteración del apetito), que a menudo
coexisten con la depresión. La principal desventaja de los ISRS
es que causan con frecuencia disfunción sexual.


Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) representan
otra clase de fármacos antidepresivos. Las personas que consumen
IMAO deben observar unas restricciones dietéticas y seguir precauciones
especiales. Por ejemplo, no deben tomar alimentos o bebidas que contengan
tiramina, como la cerveza de barril, los vinos tintos (y también
el jerez), los licores, los alimentos demasiado maduros, el salami,
los quesos curados, las habas, los extractos de levadura y la salsa
de soja. Deben evitar fármacos como la fenilpropanolamina y el
dextrometorfano, que se encuentran en muchos antitusígenos y
anticatarrales habituales, porque provocan la liberación de adrenalina
y pueden producir una subida importante de la presión arterial.
Ciertos otros fármacos deben también ser evitados por
las personas que toman IMAO, como los antidepresivos tricíclicos,
los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y
la meperidina (un analgésico).


Se indica habitualmente a los que toman IMAO que
lleven consigo todo el tiempo un antídoto, como la clorpromacina
o la nifedipina. Si notasen un dolor de cabeza intenso y pulsátil
deben tomar el antídoto y acudir rápidamente a un servicio
de urgencias. A causa de las dificultosas restricciones en la dieta
y las precauciones necesarias, los IMAO son raramente recetados, excepto
para aquellas personas depresivas que no han mejorado con los otros
fármacos.


Los psicoestimulantes, como el metilfenidato, se
reservan generalmente para las personas depresivas que están
encerradas en sí mismas, lentas y cansadas, o que no han mejorado
después de haber usado todas las otras clases de antidepresivos.
Las posibilidades de su abuso son muy elevadas. Como los psicoestimulantes
tienden a hacer efecto rápidamente (en un día) y facilitan
la deambulación, a veces se recetan a personas deprimidas de
edad avanzada que están convalecientes de una cirugía
o de una enfermedad que las ha tenido postradas.


Psicoterapia


La psicoterapia usada conjuntamente con los antidepresivos
puede favorecer en gran medida los resultados del tratamiento farmacológico.
La psicoterapia individual o de grupo puede ayudar a la persona a reasumir
de modo gradual antiguas responsabilidades y a adaptarse a las presiones
habituales de la vida, acrecentando la mejoría conseguida por
el tratamiento farmacológico. Con la psicoterapia interpersonal
(humanista), la persona recibe una guía para adaptarse a los
diferentes papeles de la vida. La terapia cognitiva puede ayudar a cambiar
la desesperanza de la persona y sus pensamientos negativos. La psicoterapia
aislada puede ser tan eficaz como la terapia farmacológica en
el caso de las depresiones leves.


Terapia electroconvulsionante


La terapia electroconvulsionante (TEC) se usa para
tratar la depresión grave, particularmente cuando la persona
sufre psicosis, amenaza con suicidarse o se niega a comer. Este tipo
de terapia es generalmente muy eficaz y puede aliviar la depresión
rápidamente, a diferencia del resto de los antidepresivos, que
pueden tardar varias semanas en producir efecto. La velocidad con que
actúa la terapia electroconvulsiva puede salvar vidas.


En la terapia electroconvulsionante, se colocan
unos electrodos en la cabeza y se aplica una corriente eléctrica
para inducir una convulsión en el cerebro. Por razones desconocidas,
la convulsión alivia la depresión. Generalmente se administran
de cinco a siete sesiones, a días alternos. Como la corriente
eléctrica puede causar contracciones musculares y dolor, la persona
recibe anestesia general durante la sesión. La terapia electroconvulsionante
puede causar una pérdida temporal de memoria (raramente de forma
permanente).


Manía


La manía se caracteriza por una excesiva
actividad física y sentimientos de euforia extremos que son muy
desproporcionados en relación a cualquier acontecimiento positivo.
La hipomanía es una forma leve de manía.


Aunque una persona puede tener una depresión
sin episodios maníacos (trastorno unipolar), la manía
se presenta más frecuentemente como parte de una enfermedad maniacodepresiva
(trastorno bipolar). Las pocas personas que parecen presentar sólo
manía pueden tener de hecho episodios depresivos leves o limitados
en el tiempo. La manía y la hipomanía son menos frecuentes
que la depresión y son también más difícilmente
identificables, porque mientras que la tristeza intensa y prolongada
puede llevar a consultar a un médico, la euforia lo hace con
mucha menos frecuencia (ya que la gente con manía no es consciente
de que haya un problema en su estado mental o en su comportamiento).
El médico debe descartar la presencia de una enfermedad orgánica
subyacente en la persona que experimenta manía por primera vez,
sin episodio depresivo previo.


Síntomas y diagnóstico


Los síntomas maníacos se desarrollan
típicamente de forma rápida en unos pocos días.
En las fases precoces (leves) de la manía, la persona se siente
mejor que habitualmente y a menudo aparece más alegre, rejuvenecida
y con más energías.


Una persona maníaca está generalmente
eufórica, pero también puede estar irritable, reservada
o francamente hostil. Generalmente cree que se encuentra muy bien. Su
ausencia de reparos en esta situación, junto con una enorme capacidad
de actuación, pueden hacer que la persona se vuelva impaciente,
intrusiva, entrometida e irritable, con tendencia a la agresión,
cuando uno se acerca a ella. La actividad mental se acelera (una situación
llamada fuga de ideas). La persona se distrae fácilmente y constantemente
cambia de tema o intenta abordar otro nuevo. Puede tener la falsa convicción
de riqueza personal, poder, inventiva y genio y puede asumir de forma
temporal identidades grandiosas, creyendo a veces que es Dios.


La persona puede creer que está siendo ayudada
o perseguida por otras o tiene alucinaciones, con lo cual oye y ve cosas
que no existen. Disminuye su necesidad de sueño. Una persona
maníaca se implica en varias actividades de forma inagotable,
excesiva e impulsiva (como intento de negocios arriesgados, visitar
casas de juego o conductas sexuales peligrosas) sin reconocer los peligros
sociales inherentes a dichas actividades. En casos extremos, la actividad
física y mental es tan frenética que se pierde cualquier
relación clara entre el humor y la conducta en una especie de
agitación sin sentido (manía delirante). Entonces se requiere
tratamiento inmediato, porque la persona puede fallecer de agotamiento
físico. En casos de manía con menor grado de hiperactividad,
se puede requerir la hospitalización para proteger a la persona
y a sus familiares de la ruina por un comportamiento económico
o sexual desaforado.


La manía se diagnostica por sus síntomas,
que son característicamente obvios para el observador. Sin embargo,
como las personas con manía se caracterizan por negar todo problema,
los médicos generalmente tienen que obtener la información
de los miembros de la familia. Los cuestionarios no se usan tan ampliamente
como en la depresión.


Tratamiento


Los episodios de manía no tratados finalizan
de modo más brusco que los de depresión y son habitualmente
más cortos, durando desde unas pocas semanas hasta varios meses.
El médico intenta por todos los medios tratar al paciente en
el hospital, porque la manía es una emergencia médica
y social.


Un fármaco, el litio, puede reducir los síntomas
de la manía. Debido a que el litio tarda de 4 a 10 días
en hacer efecto, a menudo se administra de forma concomitante otro fármaco,
como el haloperidol, para controlar la excitación del pensamiento
y de la actividad. Sin embargo, el haloperidol puede provocar contractura
muscular y movimientos anormales, y por lo tanto se administra en pequeñas
dosis, en combinación con una benzodiacepina, como el loracepam
o el clonazepam, que aumentan los efectos antimaníacos del haloperidol
y reducen sus desagradables efectos secundarios.


Enfermedad maniacodepresiva


La enfermedad maniacodepresiva, también llamada
trastorno bipolar, es una situación en la cual los períodos
de depresión alternan con períodos de manía o de
algún grado menor de excitación.


La enfermedad maniacodepresiva afecta en algún
grado a algo menos del 2 por ciento de la población. Se piensa
que la enfermedad es hereditaria, aunque se desconoce el defecto genético
exacto. La enfermedad maniacodepresiva afecta por igual a hombres y
mujeres y habitualmente comienza entre los 10 y los 40 años.


Síntomas y diagnóstico


El trastorno maniacodepresivo comienza generalmente
con depresión y presenta por lo menos un período de manía
en algún momento durante la enfermedad. Los episodios de depresión
duran habitualmente de 3 a 6 meses. En la forma más grave de
la enfermedad, llamada trastorno bipolar de tipo I, la depresión
alterna con manía intensa. En la forma menos grave, llamada trastorno
bipolar de tipo II, episodios depresivos de corta duración alternan
con hipomanía. Los síntomas del trastorno bipolar de tipo
II a menudo vuelven a aparecer en ciertas estaciones del año;
por ejemplo, la depresión ocurre en el otoño y en el invierno
y la euforia menor ocurre en la primavera o el verano.


En una forma aún más suave de la enfermedad
maniacodepresiva, llamada trastorno ciclotímico, los períodos
de euforia y de depresión son menos intensos, habitualmente duran
sólo unos pocos días y vuelven a presentarse con bastante
frecuencia a intervalos irregulares. Aunque los trastornos ciclotímicos
pueden en último grado evolucionar hacia una enfermedad maniacodepresiva,
en muchas personas este trastorno nunca conduce a una depresión
mayor o a la manía. Un trastorno ciclotímico puede contribuir
al éxito de una persona en los negocios, en el liderazgo, en
el logro de objetivos y en la creatividad artística. Sin embargo,
también puede ocasionar resultados irregulares en el trabajo
y en la escuela, frecuentes cambios de residencia, repetidos desengaños
amorosos o separaciones matrimoniales y abuso de alcohol o drogas. En
cerca de un tercio de las personas con trastornos ciclotímicos,
los síntomas pueden conducir a un trastorno del humor que requiera
tratamiento.


El diagnóstico de la enfermedad maniacodepresiva
se basa en su síntomas característicos. El médico
determina si la persona está sufriendo un episodio maníaco
o depresivo con el fin de prescribir el tratamiento correcto. Cerca
de un tercio de las personas con un trastorno bipolar experimentan simultáneamente
síntomas maníacos (o hipomaníacos) y depresivos.
Esta situación se conoce como un estado bipolar mixto.


Pronóstico
y tratamiento


La enfermedad maniacodepresiva reaparece en casi
todos los casos. A veces, los episodios pueden cambiar de la depresión
a la manía, o viceversa, sin ningún período de
humor normal de por medio. Algunas personas cambian más rápidamente
que otras entre episodios de depresión y de manía. Hasta
un 15 por ciento de las personas con enfermedad maniacodepresiva, sobre
todo mujeres, tiene cuatro o más episodios al año. Las
personas que sufren ciclos rápidos son más difíciles
de tratar.


Las incidencias de manía o hipomanía
en la enfermedad maniacodepresiva pueden ser tratadas como la manía
aguda. Los episodios depresivos se tratan igual que la depresión.
Sin embargo, en general, los antidepresivos pueden provocar cambios
de depresión a hipomanía o manía y, a veces, producen
cambios rápidos de ciclo entre las dos situaciones. Por lo tanto,
estos fármacos se usan durante cortos períodos y sus efectos
sobre el humor son controlados con mucho cuidado. En cuanto se observan
los primeros indicios de cambio hacia la hipomanía o la manía,
se retira el antidepresivo. Los antidepresivos menos propensos a causar
variaciones en el humor son el bupropión y los inhibidores de
la monoaminooxidasa. Idealmente, a casi todos los que padecen un trastorno
maniacodepresivo se les deberían administrar fármacos
estabilizantes del humor, como el litio o un anticonvulsionante.


El litio no produce efectos sobre el estado del
humor normal, pero reduce la tendencia a cambios extremos del humor
en cerca del 70 por ciento de los que padecen un trastorno maniacodepresivo.
El médico controla los valores sanguíneos de litio mediante
análisis de sangre. Los posibles efectos secundarios del litio
incluyen temblores, contracturas musculares, náuseas, vómitos,
diarrea, sensación de sed, incremento del volumen de orina y
aumento de peso. El litio puede empeorar el acné o la psoriasis
y puede causar una disminución de las concentraciones sanguíneas
de hormonas tiroideas. Los valores muy altos de litio en sangre pueden
provocar un dolor de cabeza persistente, confusión mental, adormecimiento,
convulsiones y ritmos cardíacos anormales. Los efectos secundarios
aparecen con mayor frecuencia en las personas de edad avanzada. Las
mujeres, cuando intentan quedar embarazadas, deben dejar de tomar litio
porque éste puede (en raras ocasiones) producir malformaciones
cardíacas en el feto.


Durante los últimos años se han desarrollado
nuevos tratamientos farmacológicos. Éstos incluyen los
anticonvulsionantes carbamacepina y divalproato. Sin embargo, la carbamacepina
puede causar una disminución preocupante del número de
glóbulos rojos y de leucocitos, y el divalproato puede dañar
el hígado (sobre todo en los niños). Estos problemas ocurren
raramente cuando existe una cuidadosa supervisión médica,
y la carbamacepina y el divalproato constituyen alternativas útiles
al litio en la enfermedad maniacodepresiva, especialmente en las formas
mixtas o en las de ciclos rápidos cuando éstas no han
respondido a otros tratamientos.


La psicoterapia se recomienda frecuentemente para
aquellos que toman fármacos estabilizantes del humor, sobre todo
para ayudarles a continuar con el tratamiento. Algunas personas que
toman litio se sienten menos alerta, menos creativas y con menos control
sobre las cosas que en condiciones habituales. Sin embargo, la disminución
real de creatividad es poco frecuente, particularmente porque el litio
permite a las personas con enfermedad maniacodepresiva llevar una vida
más regular, mejorando su capacidad global de trabajo. La terapia
de grupo se usa con frecuencia para ayudar a las personas y a sus cónyuges,
o a sus familiares, a comprender la enfermedad y a afrontarla en mejores
condiciones.


La fototerapia se utiliza a veces para tratar a
las personas con enfermedad maniacodepresiva, especialmente las que
tienen una depresión más leve y de carácter más
estacional: depresión en otoño-invierno e hipomanía
en primavera-verano. Para la fototerapia se coloca a la persona en una
habitación cerrada con luz artificial. La luz se controla para
imitar la estación del año que está tratando de
crear el terapeuta: días más largos para el verano y más
cortos para el invierno. Si la dosis de luz es excesiva, la persona
puede sufrir un cambio hacia la hipomanía o, en algunos casos,
daño en los ojos. Por lo tanto, la fototerapia debe ser supervisada
por un médico especializado en el tratamiento de los trastornos
del humor.






Copyright
©2005 Merck Sharp & Dohme de España, S.A.

Madrid, España. Todos los derechos reservados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

No era lo que buscabas? Intenta la siguiente busqueda

Cargando...

Galeria de Videos

Galería de videos

Noradrenalina

Icono de cámara Ubicación, síntesis y liberación

La noradrenalina se sintetiza a partir de la tirosina en diversas áreas del cerebro cerebro.Se libera de las vesículas sinápticas en la hendidura sináptica hendidura sináptica, donde se puede unir a receptores receptores de noradrenalina específicos en la membrana pre y postsináptica.

Icono de cámara Adrenoceptores y receptores postsinápticos ß1

Existen dos clases principales de receptores de noradrenalina en la membrana postsináptica - ?1 y ß1. La subclase más importante es la ß1 , que tiene efecto estimulante en la neurona postsináptica.

Icono de cámara Presináptica ? 2 receptores

A diferencia de la membrana postsináptica, en la membrana presináptica la subclase de adrenoceptor principal hallada es el receptor ?2. La activación de este receptor tiene efectos negativos porque inhibe la liberación de noradrenalina de la neurona presináptica.

Icono de cámara Receptores presinápticos ß2

La activación del receptor presináptico ß2 produce mayor liberación de noradrenalina de la neurona presináptica. El nivel bajo de noradrenalina en la hendidura sináptica provoca esta activación.

Icono de cámara Degradación de la noradrenalina

La noradrenalina se degrada por acción de la monoaminoxidasa en la neurona presináptica, o por la COMT, que se encuentra en la membrana postsináptica.

Icono de cámara Serotina syn show Ubicación, síntesis y liberación

La serotonina (5HT) se sintetiza en la neurona presináptica a partir del triptofano, y las fibras nerviosas de serotonina inervan la mayor parte del cerebro. Como la noradrenalina, la serotonina se libera de las vesículas sinápticas en la hendidura sináptica, donde se puede unir a sus receptores específicos.

Icono de cámara Receptores 5HT1A postsinápticos

El receptor 5HT1A tiene efecto negativo en la propagación del impulso nervioso. La unión de serotonina a este receptor produce la apertura de los canales iónicos y la activación de otras proteínas, lo que provoca la inhibición del impulso nervioso.

Icono de cámara Receptores 5HT2A postsinápticos

A diferencia del receptor 5HT1A, la activación del receptor 2A tiene efecto estimulante en la transmisión del impulso nervioso, pero también es mediado a través de los canales iónicos y otras proteínas.

Icono de cámara Degradación de la serotonina

A diferencia de la noradrenalina, la serotonina se degrada por la monoaminoxidasa en la neurona presináptica solamente, y no puede ser descompuesta por la COMT

Icono de cámara Serotonina y trastornos del estado del ánimo

Muchos trastornos del estado del ánimo se relacionan con un bajo nivel de serotonina. Con frecuencia se aplican terapias que previenen la degradación de serotonina para el tratamiento de este trastornos afectivos.